La Academia no levanta cabeza en el torneo local, y las críticas señalan en su mayoría a un mismo responsable, que aceptó sus errores.

Racing atraviesa un tramo desolador en la Liga Profesional: caídas consecutivas en el Cilindro, un equipo que hace agua y una grieta cada vez más visible entre la versión más competitiva de las copas y el bajón del torneo local. El termómetro de la tribuna marca impaciencia; el diagnóstico puertas adentro admite que no alcanza con la inercia de las últimas temporadas ni con los nombres que llegaron en el mercado de pases.

En ese contexto, el mensaje del banco también viró hacia la crudeza. La línea que baja el cuerpo técnico reconoce falencias “en lo emocional, físico y táctico”, tal como afirmó Francisco Berscé, ayudante de campo, y sugiere que pueden venir cambios de nombres o de dibujo. La derrota con Unión desnudó una fragilidad defensiva, retrocesos pobres y poca claridad para sostener la ventaja o para remontar golpes.

Gabriel Arias asumió sus errores en la derrota de Racing

Recién entonces apareció la voz que más duele, por jerarquía y recorrido. Gabriel Arias se paró frente a los micrófonos y no se escondió: “El balance es malo. Creo que nos tenemos que hacer cargo de la derrota, sin dudas, por el error que cometí. Cualquier error, y más mío, cuesta caro. Soy el principal responsable cuando las cosas no salen. Tengo que exigirme más, exigirles más a mis compañeros”. El capitán, señalado por dos errores que llevaron a goles en contra, eligió hacerse cargo del mal momento.

Arias también despejó rumores sobre una supuesta interna con Gustavo Costas. Fue terminante: Pelearme con Gustavo sería pelearme con Racing. Y nunca en mi vida haría eso… Yo soy competitivo, quiero volver a ser el Arias que todos conocemos”. Las frases describen a un líder herido que todavía se siente con crédito para revertir su propio nivel y el del equipo. En paralelo, la dirigencia avanza para extenderle el contrato hasta 2026, un gesto de respaldo en días ásperos.

Del otro lado del mostrador, la autopsia técnica tuvo la firma de Pepi Berscé, al mando por la suspensión de Costas, y fue igual de frontal: “Tenemos que levantar el nivel. Asumimos toda la responsabilidad. Tenemos cosas por mejorar o cambiar, pero así hay algo que no va”

El contraste es notorio: una Academia competitiva en la Libertadores y un equipo que, en el Clausura, no encuentra respuestas. El mercado trajo recambios en varios puestos, pero quizá falto jerarquía, aunque el problema hoy es de ejecución y confianza. Si el capitán logra volver a ser el Arias de siempre y el CT de Costas acierta en los ajustes, Racing puede recuperar una base, y mostrar la misma cara en la Copa que en la liga.