Boca y el interrogante que persiste tras la disolución del Consejo de Fútbol
Ahora que se conoce quién es el máximo candidato a reemplazar a Cascini y Serna, analizamos lo que puede significar para el Xeneize.
Por primera vez desde que asumió como presidente de Boca, Juan Román Riquelme ejecutó un cambio estructural de peso en su gestión: disolvió el Consejo de Fútbol, el organismo que él mismo había creado y sostenido como pilar fundamental de su proyecto. Las salidas de Raúl Cascini y Mauricio Serna marcan el final de una etapa en la que la conducción deportiva estuvo dominada por exfutbolistas con escasa experiencia en la gestión institucional, pero con fuerte identificación con los colores azul y oro.
La decisión llega en un contexto de crisis futbolística e institucional. Boca acumula más dudas que certezas en lo deportivo, y la paciencia del hincha se fue agotando. Riquelme, por primera vez apuntado con fuerza por la tribuna, necesitaba un golpe de efecto. Y lo dio: según versiones, en lugar del Consejo, ahora el club contará con una Secretaría Técnica, liderada por Marcelo Delgado y con una nueva figura que promete generar debate: Carlos Navarro Montoya.
Navarro Montoya puede ser el mánager de Boca: qué significa para el Xeneize
El exarquero, ídolo de los 90 y actual panelista deportivo, es el principal apuntado para ocupar un rol de peso en la reestructuración. Se habla de una figura de mánager o asesor deportivo que trabaje junto al Chelo. Su llegada, aunque todavía no oficializada, estaría avanzada y contaría con el visto bueno de Riquelme. Pero aquí nace el verdadero interrogante que plantea esta transición: ¿es realmente un cambio significativo?
El Mono es una figura respetada por el mundo Boca, pero también es un nombre que genera interrogantes. Su experiencia en la gestión de planteles es prácticamente nula. Supo ser entrenador en Chacarita y Santamarina de Tandil, con resultados dispares. Nunca ocupó un rol similar al que ahora se le propone: ser una de las voces decisivas en materia de fichajes, armado de planteles y planificación deportiva.
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La pregunta es inevitable: ¿puede Navarro Montoya, sin experiencia concreta en este tipo de funciones, aportar un diagnóstico preciso sobre las necesidades estructurales de un Boca que no logra estabilidad desde hace tiempo? ¿Será capaz de proponer incorporaciones que realmente se alineen con la idea futbolística del club o con los pedidos del cuerpo técnico? Incluso debería tener una incidencia en la elección del próximo entrenador, ya que el ciclo de Miguel Ángel Russo parece estar llegando a su fin.
Hasta ahora, la política de refuerzos de Boca bajo la gestión del Consejo ha sido más que errática. Grandes inversiones como las de Ander Herrera, Alan Velasco y Lucas Janson resultaron ser fiascos, mientras que muchos otros refuerzos alternaron rendimientos irregulares. En este contexto, resulta clave que la nueva estructura no repita viejos errores: fichajes sin planificación, nombres rimbombantes que llegan sin estar al 100% físico o refuerzos que no encajan en el esquema del técnico de turno.
Los errores de Boca que puede venir a corregir Navarro Montoya
El perfil de Navarro Montoya como comunicador, su visión táctica y su identificación con la camiseta pueden jugar a su favor. Pero la gestión deportiva moderna exige más que intuición: requiere datos, análisis, red de scouting y capacidad de negociación. Nada de eso ha demostrado aún el exarquero, y dependerá de su entorno, y del margen que le dé Riquelme, para mostrar si está a la altura del desafío.
Del lado positivo, su arribo podría oxigenar un espacio que mostraba señales de agotamiento. Cascini y Serna ya no contaban con respaldo popular, y su rol dentro del club parecía difuso. Además, Delgado demostró tener cintura política para mantenerse firme incluso en medio del caos, y ahora asumirá mayores responsabilidades.
Lo cierto es que, más allá de nombres, Boca necesita una estructura deportiva profesionalizada, con funciones claras y un rumbo sostenido. El cambio de caras no será suficiente si no se acompaña de un plan integral a mediano y largo plazo. La incertidumbre persiste porque, por ahora, lo único que cambió fue la forma, no el sistema de base.