El lateral izquierdo uruguayo tuvo conflictos con varios entrenadores del Xeneize, con lo cual el presidente no se quiere arriesgar.

El presente de Boca está cargado de tensiones internas. A la crisis futbolística de resultados, con una docena de partidos sin ganar, se suman conflictos en el vestuario que obligaron al cuerpo técnico y al Consejo de Fútbol a tomar decisiones drásticas. Miguel Ángel Russo llevó a casi todo el plantel a Mendoza para enfrentar a Independiente Rivadavia, con el objetivo de unir fuerzas en un momento difícil. Sin embargo, hubo una ausencia que no pasó desapercibida: la de Marcelo Saracchi.

El lateral uruguayo, que había sido incluso capitán bajo la conducción de Fernando Gago, hoy entrena apartado del grupo. Se quedó en Buenos Aires y su caso se convirtió en un símbolo de los dilemas internos que atraviesa el club. Durante el mercado de pases intentó forzar su salida hacia Independiente, pero la negociación no prosperó. Después pidió la rescisión de su contrato, como ocurrió con Marcos Rojo, pero la respuesta fue negativa.

Por qué Boca no le quiere rescindir el contrato a Saracchi

La clave está en que Saracchi tiene vínculo con Boca hasta diciembre de 2027. Liberarlo sin costo, como pretendía, implicaría sentar un precedente que Juan Román Riquelme y la dirigencia no están dispuestos a aceptar. Según reveló el periodista Diego Monroig en ESPN, la idea del club es negociarlo, no rescindirle. El temor es claro: si se le concede la rescisión a Saracchi, otros futbolistas podrían intentar imitarlo en situaciones de conflicto.

Por eso, la postura oficial es tajante: el uruguayo seguirá entrenando apartado hasta que llegue una oferta de compra o, en su defecto, de cesión. El 31 de agosto cierra el libro de pases de manera definitiva, así que esa es la fecha límite que tiene para conseguir destino. Si nada cambia, seguirá ligado a Boca, pero sin participación, como es el caso con otros jugadores del plantel.

El trasfondo de su marginación no es solo contractual. Ya a fines de julio, Miguel Ángel Russo había sido tajante con su diagnóstico sobre el uruguayo. El técnico había notado en Saracchi poca predisposición y señales de desgano, según informó Monroig en su momento. También con Diego Martínez y Fernando Gago había tenido roces similares, lo que consolidó la idea de que el problema tenía que ver con su actitud.

Boca, que ya tuvo que gestionar salidas complejas como la de Marcos Rojo, busca marcar un límite institucional. Para Riquelme, ceder ante el reclamo de Saracchi significaría abrir una grieta en la disciplina del plantel. En un momento de crisis de resultados, la conducción quiere enviar una señal clara: nadie está por encima del club, y el compromiso no se negocia.