Otra dura derrota deja a River en un lugar muy incómodo, donde debe evaluar de otra forma el segundo ciclo de su ídolo.

El clima en River está cada vez más tenso. A la eliminación en cuartos de final de la Copa Libertadores ante Palmeiras se sumó la caída en el Monumental frente a Riestra, la cuarta derrota consecutiva de un equipo que no logra estabilizar su rendimiento. El cuadro de Núñez no encadenaba una racha así desde 2010 antes de irse al descenso y, esta vez, el descontento del público explotó antes, durante y después del partido.

Marcelo Gallardo viene machacando la idea de que “River es un equipo en construcción”. El DT explicó el porqué:Hubo mucho recambio en este semestre, hubo jugadores que vinieron y a veces se insertan bien y otros con otros tiempos. Hoy no tenemos individualidades que atraigan, entonces hay que trabajar en conjunto y eso demora más tiempo”. Se hizo cargo de la situación e hizo autocrítica.

La continuidad de Gallardo, cada vez más cuestionada en River

El punto es que esa construcción se produce bajo una inversión de alto vuelo y, por primera vez desde su regreso, convive con una duda que nunca se había instalado en serio: la continuidad de Gallardo. El Muñeco se paró frente a ese ruido de fondo con un mensaje que busca contener la marea. “Estoy lejos de claudicar”, afirmó. “A veces hay que atravesar estos momentos que son frustrantes, pero ese cariño y apoyo me da fuerza para devolverles un equipo que los represente”.

La tensión deportiva se concentra ahora en un partido que el propio DT definió con una frase que marca el termómetro interno: “Lo imagino como una final que tenemos que jugar. Intentaremos devolverle la alegría a la gente”. Se refiere a los cuartos de la Copa Argentina, frente a Racing, apenas días después del golpe con Palmeiras y con el eco de la derrota ante Riestra todavía en el aire. Es un examen clave de carácter de un River que “necesita crecer de forma individual y como equipo para poder ser más confiables”.

El diagnóstico de Gallardo es claro y, a la vez, incómodo: el equipo no encontró su base de futbolistas en “7 u 8 puntos” que empujen al resto. Mientras tanto, la inversión y el recambio suben la vara de la exigencia: se contrataron nombres fuertes para acelerar el proceso, pero el funcionamiento colectivo no acompañó y el equipo se deshilacha en los momentos importantes.

El resultado contra Racing condicionará la temperatura política y abrirá, como mínimo, una revisión profunda del rumbo. El propio Gallardo encuadra el momento como bisagra, aunque sabe que el margen se achicó. Nunca antes había estado tan en cuestionamiento la continuidad del máximo ídolo moderno en la historia de la institución, que sabe que de a poco va gastando su crédito con la hinchada.